Los López, símbolos del Carrizal

La represión franquista se ensañó con la familia del teniente alcalde de Lanjarón, fusilado con tres de sus siete hijos en 1936. A otro de sus vástagos, apodado ´Germinal´, lo ejecutaron en el cementerio de Granada en enero de 1945.

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Autores: Santiago Sevilla y Antonio Calleja.

El padre y cuatro de los siete hijos de la familia López Mingorance fueron fusilados durante la Guerra Civil y la posguerra. Tres de ellos están en el último barranco antes de llegar a Órgiva, otro cayó en Torvizcón y al quinto, al que llamaban ´Germinal´, le volaron la cabeza en la tapia del cementerio de Granada en enero del 45.

Hoy 15-9-44. A mi madre querida: ¿Cómo estás, vieja? Llorando mucho ¿verdad? Es claro, lo único que te faltaba para completar la suma de tus dolores era tener un hijo condenado a muerte y ya lo tienes. Pero haces mal con llorar tanto, tienes que ser fuerte una vez más en tu vida y pensar que nunca brilla tan claro el sol como después de la tormenta. Ese sol está ya muy cerca, pues pronto seré conmutado y en fecha no muy lejana me tendrás a tu lado para todo el resto de tu vida…”)

Celebración y memoria. Manuel, el menor y único de los seis varones de la familia López Mingorance no fusilado entre 1939 y 1945, celebró la muerte de Franco de dos maneras. Primero se afeitó el bigote, como había prometido hacer cuando desapareciese el dictador. Luego, en su taller de coches de Granada, soldó dos tubos a modo de cruz y sobre la matrícula de un viejo Gordini escribió algo con pintura blanca y se fue derecho para El Carrizal. Allí, a finales de 1975, a un par de metros de una curva de la carretera entre Lanjarón y Órgiva, Manuel llevó a cabo el primer acto físico de recuperación de memoria de víctimas republicanas de la Guerra Civil en Granada. Y allí sigue la cruz, al pie de un barranco donde el catedrático y cronista de Órgiva, Juan González Blasco, asegura que hay enterrados 4.000 republicanos granadinos y malagueños.

Allí, el 11 de agosto de 1936, un niño de 9 años supo por unos soldados el sitio donde fue fusilado Manuel López López, electricista, mecánico, socialista, republicano y teniente de alcalde de Lanjarón. Antes de la ejecución, uno de los miembros del pelotón se dirigió a él y le dijo: “Primero fusilaremos a tus hijos para que los veas morir”.

Huida y detención. Antonio y Félix, republicanos como su padre, habían huido a los montes de Lanjarón cuando a los pocos días del golpe militar partidas de la Guardia Civil y grupos de falangistas armados se hicieron con el control del pueblo y de buena parte de la Alpujarra. También abandonaron el pueblo sus hermanos José María y Miguel en dirección al Este. El primero logró llegar a Almería, pero el segundo cayó preso en Torvizcón.

(…Es cierto que nada podrá borrarte en tu corazón de madre y esposa el dolor de aquellos que se fueron para no volver, pero aún puedes endulzar un poco los últimos días de tu vida viendo felices a tus hijos y tus nietos. ¡Verás qué a gusto vamos a vivir cuando rehagamos el hogar que un día destrozó la tragedia!…)

Mientras los hermanos se ocultaban precipitadamente en la sierra, el padre fue detenido en el Ayuntamiento de Lanjarón. Antes de ser conducido a la prisión de Granada, su mujer, Dolores Mingorance, se presentó en el Ayuntamiento y pidió que al menos le diesen el retrato de su marido. La foto acabó pisoteada por el suelo; luego saquearon su casa y el taller mecánico de la familia.

Camino del Carrizal. A los pocos días, los hermanos mayores, Antonio y Félix, decidieron regresar a Lanjarón con la ingenua creencia de que, como nada habían hecho, nada tenían que temer. Acabaron encarcelados en la prisión de Granada junto a su padre. De allí partieron cuando no había despuntado el alba del 11 de agosto de 1936 en uno de los siete camiones que Dolores Mingorance contó cuando pasaron por Lanjarón camino del Carrizal. Creyó ver a su marido entre los que iban a morir. Al chaval de 9 años le contaron también cómo el teniente de alcalde de su pueblo y sus dos hijos mayores fueron sepultados en cal viva junto a una higuera del barranco, no muy lejos de donde Manuel colocó la cruz en 1975 en recuerdo de su padre y sus hermanos.

Pero aquel chavea no fue el único testigo de los fusilamientos masivos del Carrizal. González Blasco, autor de ´Órgiva, hitos de su historia´, habla de otro niño que pastoreaba por la zona con su rebaño de cabras. Simón Pérez Rodríguez recuerda que a diario pasaba un camión lleno de criaturas, “…con 70 u 80 personas, procedentes de pueblos de la Alpujarra. Al rato se oía el tiroteo de las pistolas. Así un día y otro. Hay miles y miles de personas fusiladas y también otras personas que vivían en Las Barreras pueden dar fe de ello”.

(…No llores más. Mírame a mí, que condenado a muerte, miro la vida con mayor optimismo y sufro con resignación todas las amarguras de la suerte. Cuídate todo lo posible para que puedas cruzar el valle del dolor por el que atraviesas hace ocho años; al fin y al cabo, solo los que sufren pueden gozar plenamente de la dicha, cuando la dicha llega…)

No fue mejor la suerte que corrieron los otros dos hermanos López Mingorance. Miguel, que dejó dos hijos pequeños y una mujer que acabaría internada en el Hospicio, fue asesinado el 27 de agosto del 36 en Torvizcón en circunstancias poco claras; unos dicen que fue fusilado, mientras otros sostienen que alguien próximo a la familia lo apuñaló en los calabozos.

Germinal. Mientras, José María logró llegar a Almería, donde se integró en el Ejército Republicano. Fue secretario de las Juventudes Libertarias de Andalucía y desde entonces todos le llamaban ´Germinal´. Brillante orador, Germinal, que juró venganza por todo lo que habían hecho a su familia, resultó herido en un pie en una refriega con los sublevados durante el cerco de Almería. Se enamoró de la joven enfermera que le cuidó y su fue a vivir con ella.

Como si hubiera servido de inspiración para la película ´Los girasoles ciegos´, vivió meses emparedado en un pequeño zulo en la casa que compartió con aquella enfermera al término de la Guerra Civil. No salía de allí. La mujer, hija de un militar rebelde de alto rango, convenció a Germinal para que confiase en las influencias de su padre, que tenía amigos en el entorno de Franco. José María accedió y acabó en la cárcel de Alicante.

(…Imagínate que estás en tu casa, sin trabajar más, rodeada de tus hijos y tus nietos, sin preocupaciones económicas y con todo lo necesario para vivir bien y estarás viendo la vida que yo pienso darte el día feliz en que me reúna con vosotros. ¿No te alegrará algo el oírte llamar abuelita y verte querida y agasajada por todos, incluso, hasta por aquellos que un día te despreciaron y huyeron de vosotros como de perros sarnosos?…)

Dolores, la madre de los López Mingorance, se fue con su hijo Manuel a Motril –zona republicana– tras los fusilamientos del Carrizal, mientras sus dos hijas, Pura e Isabel, fueron detenidas y recluidas en Torres Bermejas y luego trasladadas a la prisión provincial. “Todavía estáis aquí. Veremos a ver mañana”, se mofaban las carceleras de las dos hermanas, según recuerda hoy Maribel, hija de Isabel, que finalmente saldría con vida de la cárcel con su hermana.

Lo que quedaba de la familia encontró acomodo en la casa de una modista de la calle San Matías y luego alquiló una propia en el Realejo. Desde allí, Dolores se trasladaba frecuentemente hasta la prisión de Alicante para ver a Germinal. El reo daba instrucciones a su madre para que hablase con amigos bien posicionados, en un intento de salvar la vida. Las gestiones dieron como fruto el traslado de Germinal a la cárcel de Granada, donde recibía visitas de su familia y desarrolló una desgarradora relación epistolar con su madre.

La última carta
(…¿Quién te ha dicho que la dicha no vuelve? Pues claro que vuelve y volverá para ti. ¿Pues no es dicha el que nos llamen santos los que antaño nos llamaron demonios? ¡Madre idolatrada! Yo tengo mucha fe, mucha, en la Providencia y sé que un día ha de llegar muy pronto en que yo te veré llorar de alegría. Ese día será el más grande de mi vida. Mientras tanto, conténtate con saber que tienes un hijo que te quiere más que a nada en el mundo y que espera demostrarte su cariño sin límites dentro de muy poco. Que Dios lo permita. Muchos besos para los niños y abrazos para ti…)

Germinal firmó esta carta, su última carta, en septiembre de 1944, desde la prisión provincial de Granada. Su madre y sus hermanas lograron en Motril un certificado que, según entendieron, debía ser el salvoconducto definitivo para excarcelarlo. Se apresuraron a presentarlo en el presidio de la Carretera de Jaén, pero cuando llegaron era demasiado tarde. “Va camino del cementerio”, les dijeron. Las mujeres de la familia López Mingorance se desmoronaron.

Sólo las hermanas fueron capaces subir a la colina de la Alhambra. Allí encontraron semienterrados a un grupo de presos recién fusilados. “El pelotón le dijo que se diese la vuelta, pero él quiso morir de frente”, describe Maribel la gallardía de su tío en el último instante de aquel 25 de enero de 1945. La pierna de Germinal, la que hirieron durante el cerco de Almería, sobresalía de la tierra; así pudieron identificarlo y enterrarlo dignamente junto a uno de sus compañeros de infortunio.

La madre de Germinal fue enterrada junto a su hijo en 1959. La desgracia la había consumido hasta tal punto que, en el momento de su muerte, medía poco más de un metro de altura.

Hace un mes, Maribel y su marido, junto a miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, colocaron en el patio de San Gregorio del cementerio de Granada, donde está enterrado, una placa para recordar a Germinal. A los pocos días fue arrancada..

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