Ricardo Monleón Martín

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Autor: Antonio Moleón Anguita

TAL DIA COMO HOY, 9 DE AGOSTO DE 1939, FUSILARON A MI ABUELO JUNTO A UNA TAPIA DEL CEMENTERIO DE GUADIX.
SIN RENCOR, ESCRIBO ESTO PARA HONRAR SU MEMORIA.

Desde que fue nombrado juez mi abuelo colaboró con la República en la aplicación de las nuevas leyes de Reforma agraria e intervino en numerosos pleitos en los que falló a favor de los arrendatarios de algunas tierras en litigio cuyos propietarios pretendían romper los contratos de arrendamiento en la época de la cosecha, con el propósito evidente de quedarse con el producto que durante todo el año habían trabajado otras personas. Con estas sentencias mi abuelo se estaba granjeando el odio de los propietarios, gentes soberbias y conservadoras, que estaban deseando que llegara una oportunidad para vengarse.

Guadix se había mantenido fiel a la República hasta que a finales de marzo de 1939 se produjo la derrota y el posterior derrumbe del Ejercito Popular de Andalucía, formado mayoritariamente por voluntarios y con muy pocos mandos profesionales.
Cuando las tropas fascistas entraron en Guadix detuvieron inmediatamente a todos los que habían colaborado con el gobierno de la República. Esa misma noche fueron a buscar a mi abuelo y se lo llevaron a la ermita de San Antón, habilitada como cárcel para los civiles republicanos. La ermita se erguía sobre un altozano en la parte alta de Guadix, muy cerca del cementerio, que se distinguía al otro lado de una vaguada perfilado sobre el fondo arcilloso de las cárcavas que rodean la ciudad, y testigo permanente y macabro del destino que esperaba a todos los hombres encerrados en ella. Su cercanía al cementerio era el preludio para los presos de que no había otra salida que la del lugar donde iban a ser fusilados y enterrados. Todos sabían pues de antemano que iban a ser condenados a muerte.

En agosto de 1939, después de un juicio sumarísimo, lo condenaron a la pena de muerte por fusilamiento. Sin defensa y sin testigos, sólo con la fría lectura del escrito del fiscal militar, se celebró un juicio sin garantías jurídicas, presidido por jueces militares. Terrible paradoja la de ver a los delincuentes juzgar a los ciudadanos leales a la Constitución. Los que se habían rebelado contra el legítimo orden democrático juzgaban ahora con impunidad y dureza a los que se habían mantenido fieles a la legalidad, dándose la paradoja de que los acusaban de rebelión militar.
Con las manos atadas a la espalda y de cara a una tapia del cementerio, fusilaron la madrugada del 9 de agosto a tres personas: el panadero Miguel Pujada Martínez, alias Colorines, de 34 años; el jornalero José López García, alias el Bueno, de 36; y el juez y agente judicial Ricardo Monleón Martín, de 68.


(Acta de defunción que se conserva en el Juzgado de Guadix)

A LAS NUEVE Y CINCO MINUTOS DEL DIEZ DE AGOSTO DE 1939, DON ANGEL CORCOLES SAIZ-PARDO, JUEZ MUNICIPAL Y DON JOSÉ CARBONELL MARTINEZ, SECRETARIO, INSCRIBEN EN EL REGISTRO CIVIL DE GUADIX Y POR MANDATO DE CARTA ORDEN DE AUDITORÍA DE GUERRA DE FECHA NUEVE DE AGOSTO DE 1939 LA DEFUNCIÓN DE DON RICARDO MONLEÓN MARTIN, FALLECIDO ESE MISMO DIA, SIN ESPECIFICAR LAS CAUSAS. FIRMAN COMO TESTIGOS DON JOSE MARTÍNEZ JIMÉNEZ Y DON JOAQUÍN CAMPAÑA HERNÁNDEZ.


Dice el escritor Claudio Magris en su obra EL DANUBIO que la derecha es patriótica, pero dispara con mayor frecuencia y gusto sobre sus propios compatriotas que sobre los invasores de la patria. Cuánta razón lleva.

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