Emilio Herera llega a Madrid.

Para conmemorar el fallecimiento de Emilio Herrera os dejamos un extracto de las memorias publicadas por la UGR, una edición de CARLOS LAZARO Y AFRICA RICOL.

«Al llegar a Madrid me encontré, como esperaba, con el pueblo incontrolado dueño de la población. Las personas de derechas se habían refugiado en las embajadas o habían huido o estaban escondidas. Yo he sido siempre enemigo de esconderme o huir, no creo que la vida merezca la pena de hacer cosas ridículas para conservarla. Además me gustan las situaciones claras, así es que me fui directamente al toro, o sea al Subsecretario de Aviación, teniente coronel Ángel Pastor[1], gran amigo mío. Pero cuando cambia un régimen político, la amistad no cuenta para nada. Y le dije: “Aquí me tienes para lo que dispongas de mí. Quiero que sepas, o que recordéis, que he sido amigo y compañero de Franco y de todos los generales sublevados y gentilhombre y amigo particular del Rey, de modo que podéis fusilarme o pasearme si lo creéis conveniente. Lo que quiero es que dentro de dos o tres meses no digáis que habéis averiguado estas cosas de mi vida que no sabíais; deseo que las sepáis desde ahora. Pero sabed también que he dado mi palabra de honor de servir lealmente a la República y que yo no soy de los que faltan a mi palabra”. Pastor me contestó: “Todos te conocemos perfectamente y estamos seguros de que cumplirás tu palabra”.

Efectivamente fui destinado al Aeródromo de Los Alcázares como jefe de instrucción y servicios técnicos. Dirigí las escuelas de pilotos, observadores, bombarderos, mecánicos, aprendices, radios, etc. repartidas en toda la zona leal, desde Alicante y Cartagena hasta los Pirineos, que tenía que recorrer cada semana en vuelos nocturnos sobre el mar, aprovechando el mal tiempo en que era menos probable el ser atacado por los cazas enemigos. En la oscuridad absoluta, sin luces de situación ni interiores en el avión, para distraerme, aprendí a leer con el alfabeto Braille, como los ciegos, en libros y revistas especiales que compraba en Barcelona. Algunos sobresaltos nos producían las baterías antiaéreas de la defensa de Barcelona que, viendo llegar al amanecer un avión misterioso, nos hacían fuego creyéndonos del enemigo.»


[1] Ángel Pastor Velasco, (1887-1958) oficial de Artillería y piloto. Ocupó puestos relevantes en aeronáutica y fue un firme defensor de los principios básicos de la doctrina aérea. Al iniciarse la guerra civil, desempeñó la jefatura de Aviación y posteriormente la Subsecretaría del Aire y la Comisión Técnica de compras de armamento en París. Pastor, pese a haber manejado grandes recursos económicos durante la guerra falleció en el exilio en un asilo para indigentes del sur de Francia.

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