Antonia Rodríguez Villegas nació en Granada un 2 de diciembre del año 1919. De niña se traslada junto a sus padres y hermano a Lachar, una localidad próxima a Granada, donde su padre alterna las labores en el campo con un trabajo de ferroviario que permitió a la familia vivir con relativa comodidad en esos difíciles años. La vida política de la familia gira en torno a la “Sociedad”, una agrupación socialista a la que pertenecían casi todos los trabajadores del pueblo. Antonia, siendo una adolescente, se entretenía en bordar una hoz y un martillo que regalaba a los miembros de la Sociedad. Al estallar la guerra su padre es detenido, y al poco tiempo ella, pero ambos salen a los pocos días.

Antonia Rodríguez Villegas celebra su Primera Comunión con 12 años (1923)

El padre estaba obligado por las autoridades falangistas a presentarse todas las tardes en el ayuntamiento, hasta que una de esas tardes, él y otros veinticinco vecinos de Lachar, incluyendo mujeres y menores de edad, son conducidos en camiones a un lugar del que ya no regresaron. Todos fueron fusilados y se cree que sus cuerpos pueden estar en el Barranco de Víznar, aunque no se sabe con certeza.

Ante el miedo de seguir el mismo camino que su padre, Antonia decide ocultarse en el sótano de la casa de sus abuelos, donde permanecerá más de un año hasta que su madre decide llevársela a casa de unos familiares en la Málaga ya ocupada. Mientras tanto, su hermano ha logrado escapar a Guadix, todavía en manos de la República, donde se reencontrarán una vez terminada la guerra.

Francisco Rodríguez Extremera, padre de Antonia, fusilado por los fascistas en 1936, junto con otros 25 vecinos de Lachar.


Es en Guadix dónde Antonia conocerá a su marido, Antonio Peláez Moraleda, excombatiente republicano que también padeció la represión franquista. Actualmente viven en Motril (Granada).

Archivo audiovisual para la recuperación de la Memoria Histórica de los Represaliados del Franquismo. Julio Sánchez Veiga. Intermedia Producciones.

https://www.juntadeandalucia.es/servicios/publicaciones/detalle/35644.html

Complementamos la información sobre esta familia con este otro artículo de

ANTONIA RODRÍGUEZ VILLEGAS
84 años. Láchar
Buscando a un padre y un bisabuelo

IDEAL DE GRANADA – Enero 2004
VICTORIA FERNANDEZ

Conforme se acerca el final de sus días a Antonia Rodríguez le aviva el deseo de saber donde está enterrado su padre y a Esther, nieta y bisnieta, el localizar sus restos para que su abuela no muera con esa tristeza. A Francisco Rodríguez Extremera y a su hija Antonia se los llevaron detenidos al poco de estallar la guerra; a la joven la dejaron en libertad pero su padre tenía obligación de presentarse todos los días ante la autoridad militar de Láchar, su pueblo, donde se dedicaba a la agricultura. A partir del 21 de agosto de 1936 nadie volvió a verlo. Se lo llevaron preso al palacio del Duque y de allí, alguien, lo vio salir con vida en un camión junto a otras 26 personas con rumbo desconocido. Se cree que hacia las Gabias o Chauchina. Seguro que hacia una fosa común que algunos del pueblo saben donde se encuentra pero que, el miedo, les impide decir donde se encuentra. Francisco tenía 42 años y Antonia, su hija, 16. Esperaron su regreso durante un tiempo, el mismo, en el que la joven permaneció escondida en su casa para que no la apresaran, mientras que otro hermano de 19 años logró huir del pueblo. Al finalizar la guerra todos se reunieron en Guadix de donde era natural la familia. Todos, menos su padre al que su hija, con 84 años, y su nieta con 26, siguen buscando para, al menos, tener un lugar donde llevarle flores y poder llorar su memoria que, 68 años después, aún permanece viva «y no me resisto a olvidarla».

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