DON JOSÉ BECERRIL MADUEÑO: DIRECTOR DEL INSTITUTO REPUBLICANO DE BAZA

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Autores: Francisco Tristan Garcia, Juan Hidalgo Cámara y Juan Antonio Díaz Sánchez

(“Péndulo, Papeles de Bastitania”)

“Si conseguimos que una generación, una sola generación,

crezca libre en España ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad.

¡Nadie les podrá robar ese tesoro!”

(Don Gregorio en “La lengua de las mariposas”)

Don José Becerril no era natural de Baza, ni siquiera de estas tierras de la Alta Andalucía, sino que nació en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), un 2 de febrero de 1889. Hijo de una familia humilde, estudió becado el bachillerato y la licenciatura de Ciencias Químicas en la universidad Hispalense. Además de su dedicación profesional como docente a las Ciencias, mostró un gran interés por el francés, el alemán y la música, y además era un amante de las “nuevas tecnologías” de su época: cine, radio y fotografía. Sería en su pueblo natal donde se afilió al Partido Socialista en 1922 y entró en la masonería, formando parte de la logia “Filipinas”, con el nombre de “Germinal”, en 1927.

El primer destino que tuvo como profesor de Ciencias Exactas y Físico-Químicas fue en el Instituto de Arrecife (Lanzarote). Allí fue donde vivió la proclamación de la II República Española, con mucho entusiasmo e implicación, puesto que llegó a ser concejal de dicho cabildo insular.

El 14 de marzo de 1932, don José Becerril tomó posesión de su plaza como catedrático de Matemáticas en el Instituto de Baza. Un centro de segunda enseñanza, que se había fundado cuatro años antes, en unas condiciones muy precarias y con un profesorado, en líneas generales, poco comprometido con este proyecto educativo para la ciudad de la Dama. Mucho menos sus directores, que ni siquiera solían residir en Baza. A esto debemos de añadir la escasa plantilla de profesores que tenía, de la cual nos cabe destacar el nombre de doña Joaquina Eguaras Ibáñez, profesora de Lengua y Literatura.

A las pocas semanas de la llegada de Becerril a Baza, el Instituto cambió de ubicación: “…al edificio de la antigua cárcel, sita en la Plaza de Pablo Iglesias [Pl. Mayor], de la propiedad de este ayuntamiento para Instituto Local de Segunda Enseñanza.” Además, la plantilla de profesores era totalmente renovada.

Será a comienzos del nuevo curso, 1932-33, cuando se nombre director del Instituto a don José Becerril. Este incansable profesor no quiere estrenarse en el cargo sin pedir recursos y ayuda económica al ayuntamiento para adquirir material científico, una subvención para crear una biblioteca, puesto que Baza carecía de una pública; ayuda para alquilar películas educativas y didácticas, financiar excursiones culturales, creación de un aula nocturna para la educación de los obreros, también un aula preparatoria para el examen de ingreso, la creación de una residencia de estudiantes y otro bedel.

Al final de este curso, nuestro protagonista se encuentra en Madrid luchando por la concesión y elevación de la categoría del Instituto de Baza: de Local (4 primeros cursos) a Nacional (Bachillerato completo, 6 cursos). Sin embargo, no sería fácil conseguir tan altas pretensiones. Máxime cuando asistimos a huelgas  de estudiantes, protagonizadas por alumnos de tendencia claramente reaccionaria, y provocadas por dos cuestiones enfrentadas directamente entre sí: religiosidad vs. laicidad.

Sin lugar a dudas, fue un curso bastante convulso y turbulento el de 1933-34. Otra de las cuestiones que dificultaban las pretensiones del Instituto era la coexistencia en la planta baja del edificio, de la cárcel municipal, entre aulas y calabozos.

Los proyectos educativos iban progresando paulatina y adecuadamente. La biblioteca con 700 volúmenes y la recién estrenada emisora de radio EA-7-CE de Baza, la primera emisora que tuvo la ciudad al mecenazgo del Instituto y construida artesanalmente por su director.

Las tensiones políticas del momento también se materializaron en el Instituto, puesto que varios profesores se enfrentaron al director por cuestiones ideológicas. No obstante, don José Becerril siempre evitó hablar de política en el aula, aunque nunca ocultó su pensamiento político e ideas avanzadas.

Ante la más que posible amenaza de la clausura del Instituto, se creó una comisión gestora para salvar esa terrible posible situación. Para dicho cometido se llevó a cabo un ambicioso proyecto, que consistía en la elevación de una segunda planta torreón.

Al año siguiente, concretamente en agosto de 1935, se creó una Comisión Pro Instituto que trabajó para conseguir los fondos necesarios, mediante suscripción popular, para acometer con éxito las obras de ampliación y reforma, de esa forma evitar la posible clausura del Instituto, y, en el mejor de los casos, como afortunadamente así fue, su elevación a Nacional.

Aparejada a esta gran concesión, la plantilla de los profesores titulares y catedráticos se consolidaba, la pareja de bedeles y el personal de administración también, y más fondos para la biblioteca del centro.

La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 provocó que se enrareciera el ambiente de normalidad en las aulas. Sin embargo, la sintonía ideológica era mayor entre el nuevo consistorio presidido por el socialista don Manuel Ramos Esteban y el Instituto con don José Becerril a la cabeza de su claustro.

En el verano de 1936, nuestro protagonista llevó a cabo una experiencia pedagógica y didáctica muy interesante: la proyección de películas educativas para los niños de las Escuelas Nacionales.

El 18 de julio de 1936, se produjo la rebelión militar contra el legítimo gobierno de la II República. Por supuesto, Baza no va a permanecer ajena ante tales hechos de suma gravedad. La ciudad de la Dama permaneció leal a la República hasta el final de la Guerra Civil, fue capital de la Granada republicana. Don José Becerril fue miembro fundador del Comité Local de Salvación porque, como hemos apuntado anteriormente, nunca eludió su compromiso político uniéndose a la causa republicana. Contribuirá con ella mediante la emisora de radio.

El curso 1936-37 fue especialmente duro, por la situación de guerra. Sólo apuntaremos que el curso académico hubo de comenzarse en la segunda quincena de marzo del 37, en lugar de octubre del 36. El último curso, 1938-39, con todas las dificultades y problemas, don José Becerril consiguió salvar y mantener el Instituto.

En Baza, el 30 de marzo de 1939, poco después de las doce de la mañana, entraban las tropas rebeldes del cuerpo de ejército de Granada en columna al mando del coronel Redondo. Se celebró una solemne misa en la Plaza Mayor, mientras que las tropas republicanas acantonadas en el parque de la Alameda, esperaban para entregarse a los vencedores. Hacía mal tiempo y llovía. La noche anterior, mandos locales de la Falange se habían hecho cargo de la ciudad, ocupando el ayuntamiento y celebrando la primera sesión capitular de la era franquista.

En ese mismo día, junto al instituto de Segunda Enseñanza, centro que había dirigido casi ocho años y que incluso durante la guerra había intentado que la vida académica se desarrollase con la mayor normalidad posible, José Becerril Madueño, catedrático de Matemáticas, de complexión fuerte y de cincuenta años de edad, recibía el bofetón de un mozo falangista rompiéndole las gafas. Joven que había sido alumno suyo. Guantazo que significaba el final de su vida profesional, académica, el fracaso de la enseñanza, la suspensión del Instituto. Inmediatamente fue encarcelado, juzgado en un procedimiento sumarísimo de urgencia por un tribunal militar y condenado a muerte, sentencia que fue ejecutada en la madrugada del 4 de septiembre de 1939 junto a una tapia del cementerio.

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