Gregorio Gutiérrez Calvillo

Acto homenaje a Gregorio Gutiérrez Calvillo

Memoria Histórica. Granada, 20 de julio de 2018

Buenas tardes, en primer lugar quisiera mostrar mi más profundo agradecimiento a la Asociación Granadina para la recuperación de la Memoria Histórica. Gracias a su maravilloso listado averigüé el paradero de mi abuelo, Gregorio Gutiérrez Calvillo muerto en combate el 29 de agosto de 1937. Pocos datos son los que tengo de él, intentaron borrar su existencia como la de sus hermanos y la de tantos otros. Mi abuela sólo conservó su cartera y unas pocas cartas, ambas cosas salvadas del miedo, el terror y el silencio que se impuso años después a las víctimas y sus familiares. Hace 15 años comencé una búsqueda intermitente alentada por el ansia de mi madre, la mayor de cuatro hermanos, quien quería saber dónde había muerto su padre, y aún hoy sigo buscando datos, quiero conocer a ese abuelo cuya existencia se me negó durante tantos años.

Gregorio nació en Villaluenga del Rosario, el pueblo más pequeño de la serranía de Cádiz, en 1894. Sé a través de información oral que su infancia transcurrió entre los campos de las Huertas de Benamahoma y el colegio en Villaluenga del Rosario, sabía leer y escribir. La lectura se convertirá en una de sus grandes pasiones.

En 1915 marchó a Ceuta a realizar el servicio militar. El 15 de mayo de 1921, con 26 años, gracias a los registros de la Isla de Ellis he sabido que llegó a Nueva York desde el Puerto de Cádiz en el barco de travesía “Antonio López”. Regresa a España en noviembre de 1923 para contraer matrimonio con mi abuela Amalia, natural de Ronda (Málaga). El matrimonio se traslada en 1924 a la ciudad de La Habana, donde nacerán tres de sus cuatro hijos. Por los datos del CEMLA (Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos), he averiguado que estuvo dos veces en España y arribó a Buenos Aires en 1926 y 1928, mientras mi abuela permanecía en La Habana. Finalmente, en el año 1930 mis abuelos, con tres de sus hijos regresan a España. En el registro de la Isla de Ellis se constata su paso por Nueva York en tránsito hacia España el 1 de enero de 1930.

No tengo mucha información sobre sus actividades políticas, sé que estaba afiliado al PCE y su número de afiliación era el 1030.  Por testimonios orales supe que había participado en algún mitín y que reunía en su casa a varios paisanos para leerles el “Mundo Obrero”, ya que en aquella época el índice de analfabetismo era bastante alto.

Cuando se produce el fatídico hecho que da origen a este acto, se marcha del pueblo para alistarse voluntario en las milicias. es más que probable que formara parte del batallón “Casanellas”, que más tarde, concretamente el primero de marzo de 1937, formaría parte de la 55 Brigada Mixta Batallón  219, al que pertenecía mi abuelo.

Mi abuela con sus cuatro hijos también se fue del pueblo, el 12 de septiembre de 1936. Villaluenga fue bombardeada; la gente, asustada, huyó al campo. Mi abuela con sus cuatro hijos, cuyas edades estaban entre los 10 y los 6 años, emprendió una huida a la desesperada que les llevó primero hasta Cortes y después hasta Gaucín, casi cuarenta kilómetros andando durante varios días por la sierra. Mi abuelo los localizó y se fueron todos andando hasta Estepona. Desde este pueblo se trasladaron en un camión hasta Málaga, donde estuvieron hasta que en febrero de 1937, se produjo la toma de Málaga. La “desbandá” la hicieron en un camión.  Mi madre contaba que salieron a las doce de la noche de Málaga y llegaron a las cuatro de la tarde a Almería, porque según sus palabras “la carretera era una barbaridad de personas las que había”.

Permanecieron un mes en Almería y finalmente se marcharon a Valencia. En esta ciudad estarían hasta el final de la guerra, ya que mi abuelo no quería que su familia estuviera tan cerca del frente. Y aquí comenzó un extenso epistolario entre mis abuelos, de los cuales se conservó una mínima parte, en la que mi abuelo da detalles de su vida en el frente. Todas sus cartas comenzaban con un: “Querida e inolvidable compañera”.

La primera carta está fechada el 15 de marzo de 1937 en Berja Almería, donde tenía inicialmente su puesto de mando la 23 División y donde fue incorporada la 55 Brigada Mixta el 3 de abril de 1937. En ella habla de que –y cito textualmente–:

“ya nos han equipado de ropa, manta y correajes, sólo nos faltan las armas, de ir al frente no se dice nada”. En otro párrafo menciona que “aún siguen apareciendo huidos de Málaga”.

Y más abajo añade lo siguiente:

“Amalia, existen muy buenas impresiones respecto a la lucha entablada con el fascio, según tengo entendido se va a emprender una fuerte ofensiva en todos los frentes que coronará el triunfo de nuestras armas muy en breve y entonces podremos cantar felices nuestra victoria, pero no obstante yo quisiera que en caso de que se prolongue la lucha demasiado y corráis peligro, decidas mandar los niños al extranjero para mayor seguridad de ellos y satisfacción mía, […], tú misma los puedes acompañar, sea a Francia, Méjico o Rusia, pues yo tengo la seguridad que en esos sitios pueden tener más suerte que aquí, mas siendo hijos de un combatiente por la libertad e independencia de su país”.

                    En otra carta fechada en Trevélez el 5 de abril de 1937, dice así:

“[…] estamos en este pueblo desde el día 16 del pasado […], recibimos órdenes de salida a este frente junto a Sierra Nevada, que hace un frío horroroso, pero tenemos buena ropa de abrigo y buenas mantas, no nos falta de nada, vino, coñac, aguardiente y comida de resto, así que se puede soportar y nos relevan cada 24 horas”[…] “También te digo como le escribí a mi hermano Manuel, lo cual no he tenido contestación”.

Su hermano Manuel Gutiérrez Calvillo falleció en marzo de 1937 en Fuendetodos, pertenecía al Ejército Popular.

Más adelante, en Torvizcón el 25 de junio de 1937, escribe esto:

“[…] hemos cobrado dos meses abril y mayo pero como tiene uno descuento de fondo de la compañía dos duros cada mes, el carnet del partido, el socorro rojo, altavoz del frente y otras cosas, se van unas cuantas pesetas[…] Me dirás si te alcanza el dinero que yo te mando, aún yendo a los comedores de asistencia social, pues yo me doy cuenta de lo cara que está la vida en esa, si es que te sobra y tu compañera carece de medios no te pese ayudar en lo que puedas, hoy somos todos hermanos.(…) De mi hermano no puedo decirte ni una palabra, pues le escribí a la dirección que me mandaste y no me ha contestado, además dos cartas que le llevaba escritas de antes(…) a no ser que se haya marchado de ese Batallón a guardia de asalto u otro sitio, a ver si tú puedes averiguar su paradero (…). De mi hermano Francisco (fusilado en Ubrique) no he podido saber nada”.

A partir de aquí todas sus cartas las remite desde Torvizcón, incluida la última, lo que nos hizo pensar erróneamente que fue el lugar donde falleció.

En otra, fechada el 16 de julio de ese mismo año, mantiene viva la esperanza de ver pronto a su mujer e hijos:

“Me dices de las solicitudes, te digo que por ahora no te preocupes , […] he hecho dos una para la escuela popular de guerra y otra para carabineros, las dos las eché juntas y la primera que venga a eso me voy […], así que vive tranquila que creo pronto nos veremos…”

En sus últimas cartas se nota un cierto pesimismo ante la dureza del frente, la nula respuesta a sus solicitudes y sobre todo porque llevaba cinco meses sin poder ver a su compañera y a sus hijos, como se deja entrever en una de sus últimas cartas, por ejemplo en esta del día 27 de julio:

“Del relevo no se dice ni media palabra, y mientras no haya relevo a  retaguardia no hay permisos para nadie lo que me desespera bastante pues ya son cuatro meses y pico de frente en continuo servicio, durmiendo en tierra sin poderse quitar ni los zapatos, esto es penoso, mientras hay Batallones a retaguardia que no han salido al frente y si han salido por muy pocos días, pero esto es consecuencia de la mala organización en parte. […] Ha salido un decreto que todos los individuos de 30 años en adelante pueden pasar a prestar sus servicios a la retaguardia, desde luego voluntariamente, y yo […] si no me sale esto de la escuela (popular de guerra) me marcho a la retaguardia, pues ya es un año de lucha en primera línea y en los sitios más peligrosos”.

Murió en combate a los 43 años de edad, en Cerro Negro (Órgiva). Según le contaron a mi abuela, recibió un disparo en la cabeza. Le entregaron a ella su cartera, que es lo único que yo conservo con su cédula personal, una carta de mi madre que guardaba celosamente, algunos tickets de descuentos en cafeterías de Almería proporcionados por la UGT y algunos billetes emitidos por la República de España.

Salud y República pronto.

 

Eulalia del Rosario Barea Gutiérrez

 

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