Pepe Miranda Lara

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La madrugada del 7 de Agosto de 1936 mi abuelo Pepe Miranda Lara fue asesinado frente a las tapias del Cementerio de Granada. Tenía 40 años, era empresario de profesión y político de vocación.
Era el secretario general de la Agrupación Socialista de Padul y había formado parte como Concejal de la Corporación Municipal en la que su padre era el Alcalde.
Fue miembro fundador de la Sociedad Obrera “La Alianza” cuyo principal objetivo era proteger a los trabajadores de los abusos de los propietarios asociados en el Centro Agrario, y fomentar la educación y el progreso social y económico de ellos y sus hijos.
Leer hoy los Estatutos de esta Sociedad, es una lección de respeto, solidaridad, democracia y lealtad a la República y a las instituciones.
Fue el artífice de la creación de un cuerpo de guardias municipales para vigilancia de los campos y protección de la población.
Cuando los militares dieron el golpe de estado contra la República, algunos de sus compañeros se marcharon pero el no quiso hacerlo por no dejar desamparada a su familia. Su argumento era “si no he hecho nada, ¿por qué me voy a ir?” recordaba mi abuela muchos años después.
Al conocerse su asesinato la Guardia Civil apostó a una pareja de guardias en la puerta de su domicilio para impedir a su familia que pudieran llorarle acompañados de familiares y amigos.
A mi abuela le dejo 5 niños y una pena negra que le duró toda su vida, pero que no le impidió pasar de una vida muy cómoda a otra de miedo y dificultades en la que cada día tenía que buscarse la vida para sacar adelante a sus hijos (les habían confiscado hasta la máquina de escribir de mi abuelo) ¡¡ Y vaya que lo hizo!! , los convirtió en personas íntegras, trabajadoras, generosas y honestas, incapaces de sentir odio o rencor hacia nadie.
Mi bisabuelo, también llamado Pepe Miranda, siete días después del fusilamiento de mi abuelo, dejó un estremecedor escrito en el que relata la detención y encarcelamiento de su hijo, las personas que lo sacaron de la cama a las dos de la mañana y de las noticias que le llegaron de su asesinato.

Y dejó el escrito para que, según sus palabras

“los más curiosos de la familia tuvieran conocimiento de estos hechos, y mantuvieran siempre viva la memoria”.

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