Carta a mi padre – Magdalena Ordóñez

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Autor: Magdalena Ordóñez

… Y a todos los que yacen bajo esta tierra que pisamos

Te hemos tenido presente, aunque en silencio, durante muchos años. Después, cuando hubo un poco de libertad, pero con mucho miedo, nos atrevimos a venir aquí donde te hicieron morir a la fuerza, y aquí te dejamos nuestras primeras flores y te acompañamos por primera vez después de tu muerte, al cabo de cuarenta años.

En el año 1980 ¡cuál fue nuestra sorpresa! cuando vinimos como tantas otras veces y nos encontramos que este lugar había sido dignificado, lo mejor posible, por vuestros compañeros Socialistas. Entre ellos nuestro amigo Manolo Ruiz, que hoy se encuentra entre nosotros. Así se os fue dando la dignidad y el homenaje que os correspondía por ser mártires de la justicia y la libertad, de un pueblo oprimido y avasallado por los más poderosos.

Pero aún, este lugar, era el lugar de los sin nombre. No se sabía que bajo este terreno que hoy pisamos, descansan eternamente a la fuerza,146 personas, como se indica en esa placa. Y que habían sufrido persecución sin piedad, prisión y venganza humillante, a pesar de que tú te habías presentado voluntariamente a los vencedores, con nobleza y valentía, en el mismo lugar donde habías vivido siempre, y donde te conocían. No huiste, no te escondiste, porque lo único que hiciste fue defender dentro de la legalidad a un Gobierno legítimo. No fue lo más inteligente, pero sí lo más noble.

Todavía recuerdo cuando venía con mi madre a la ermita de San Antón, donde estábais presos, a traer la comida porque aquí de eso no se ocupaban. La única manera de hablar con vosotros, era a través de la mirilla de la puerta de la ermita, con dos militares armados a ambos lados. De una en una, iban pasando por la citada mirilla, las personas que venían a visitaros: un minuto solamente porque eran muchas personas, porque muchos eran los que había dentro.

Pero vuestro invento fue genial. Recuerdo a mi madre, esperar a recoger los utensilios de la comida vacíos y alejarnos bastante para que no nos vieran, sentarnos en una piedra del camino, quitarse mi madre una horquilla del pelo, abrirla y meterla por el rodillo hueco de madera del asa de la lechera, para sacar un papelito de fumar donde con lápiz, tu habías escrito libremente lo que querías decirle..Y al día siguiente se hacía igual, pero en dirección contraria. Descubrísteis vuestro e-mail particular en aquellos tiempos. Yo observaba, nada más. No entendía nada, porque nadie te explicaba nada. Era peligroso que los niños dijeran algo. Muy peligroso.

Un día y por una única vez, tuvieron la gran “generosidad” de dejarme entrar en el interior de la ermita para que tú, padre, me vieras. Yo tenía entonces seis años. Vi lo que había allí, pero no pude traducirlo hasta ser mayor: muchos hombres sentados en colchones enrollados de día, para desenrollarlos de noche. Era un espacio oscuro y húmedo, con unos ventanucos casi pegando al techo. Espacios higiénicos, ningunos por supuesto, era una ermita entonces alejada del pueblo. No sé cómo os asearíais y demás. Lugar para andar, ni medio paso entre tanto colchón. Calor en el frío invierno de Guadix, todo bajo cero grados y así durante diez meses, hasta el final, que fue morir.

Hoy, celebramos en vuestro honor y para nuestra tranquilidad que este lugar haya dejado de ser el lugar de los seres anónimos. Gracias a la Ley de Mª Hª y al Partido Socialista de Guadix ( tu partido, por el que diste tu vida, aceptando todos los cargos de responsabilidad y de peligro, que ocasionaron tu muerte).

(Y aquí, detengo un poco el hilo mi carta, y hago una petición desde lo más hondo de mi ser, al Socialismo de hoy y del futuro: Que todos, y principalmente aquellos que ostenten cualquier tipo de poder, recuerden a sus antecesores de partido en aquella época tan amarga, su tremendo sacrificio y el de sus familias, antes de permitir que nadie que no sea un socialista de ideales puros, pueda cometer algún acto éticamente reprochable. A las personas de cierta edad que vivimos aquellos tiempos tan amargos, y estamos contemplando ahora ciertos “hechos”, nos indignan estos “hechos” más que a nadie).

Quienes vengan a partir de hoy por aquí, a visitar las bellezas de esta tierra accitana no se irán ignorando que esta tierra da cobijo a 146 criaturas, que dieron su vida por los ideales a que toda persona tiene derecho: libertad, justicia y democracia.

Morísteis sin estar enfermos, en plena juventud, y con plenas facultades, tú, con 35 años. Por lo tanto, érais conscientes de vuestra muerte, y de la situación que nos quedaba, por lo que tengo por cierto, que tus últimos pensamientos fueron para nosotros. No cabe duda, de que tu imaginación rápidamente, nos supondría un futuro muy negro. Y esta amargura, además de la tuya propia, te acompañaría en tus últimos momentos. No sabes ¡cuánto hemos pensado en este momento y llorado, al imaginarnos la situación!

Por eso cuando vengo aquí, siento que contesto a tus interrogantes, en el mismo lugar en el que te los hiciste, en los últimos momentos de tu vida y eso me tranquiliza un poco.

En efecto, fue para nosotros una vida llena de obstáculos, complejos infantiles, juveniles y silencios interminables, porque hablar era muy comprometido y muy peligroso. No éramos los hijos e hijas de unos mártires idealistas, que lo fuimos, sino que nos asignaron ser, los hijos e hijas de unos rojos malvados y antipatriotas.

¡Cuánto proceso mental y psíquico, en nuestro interior, hasta poner cada cosa en su sitio dentro de nuestro ser y cuánto sufrimiento y tiempo nos costó! Así vivimos nuestra infancia y juventud, además de otras cosas, por el hecho de ser los hijos y las hijas de los vencidos.

Pero hoy, vengo a decirte una vez más, que todo pasó. Que aprovechamos el tiempo y las oportunidades que la vida nos brindó en la medida de nuestras capacidades. Y podemos decirte que nos fue bien, a cada uno en lo nuestro. Y además, aunque tardamos mucho, pero al fin,logramos vivir en un país democrático, por el que vosotros luchásteis y perdísteis vuestra vida.

Y gracias a eso,hoy me atrevo a hablar en público de este tema, que para mí siempre fue tabú. Hoy me siento liberada y en paz contigo y con todos vosotros, por ideas que nos enseñaron a creer y que después deduje que eran totalmente injustas y malévolas.

Que esta tierra que os ha acogido desde hace 73 años nada más y nada menos, hasta llegar a este momento que tanto se ha deseado, sea sagrada y eternamente reconocida, como lugar de descanso en paz de los que entregaron su vida sin esperanzas de nada. Eso pedimos y eso deseamos para siempre. Y gracias a todos los que han contribuido a que vivamos hoy, este momento de liberación. Vuestros hijos e hijas.

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